viernes, 16 de abril de 2010

La confesión de Molly

Os dejo con una parte del relato: Para siempre es mucho tiempo

Sé que pocos lo leéis, pero quiero agradecéroslo de antemano. Me siento muy bien cuando alguien me dice: lo leí, y no entendí una mierda. (vale, pero lo leíste, y entero, y aunque no te guste al menos has sido considerad@) Y dicho esto, sin más preámbulos:

Molly quería hablar de ello, quería contarlo, quería que el resto del mundo supiera que ella sabía dónde estaba. Molly quería el protagonismo de ser la única, verdaderamente.

Ella siempre había estado en un segundo plano. Molly siempre se había mantenido detrás, como el apuntador de la obra de teatro que había sido la vida de Alan. Ella siempre había estado detrás, haciendo un trabajo esencial pero invisible. Siempre detrás, siempre detrás. Como cuando en el funeral de la madre de su mejor amigo ella había sido quien dijo a los invitados que podían ir entrando en la sala. En ese sentido, Molly era toda una maestra. Nunca nadie recordaba su nombre. Siempre detrás, que era su lugar preferido, intentando ayudar a todos los que podía. No quería ser epicentro de miradas, comentarios, o nada parecido. Y en eso, en ese afán de antiprotagonismo, había tres verdades: Era una heroína, era altruista, y era tímida. Eso conducía a pensar que, irremediablemente, era frágil como una flor en primavera, aunque poca gente llegaba a conocerla tan bien. Era reservada y no solía hacer ver lo que de verdad sentía, cuando alguien se interesaba por eso. Pero esos casos eran los menos, dado que, generalmente, pasaba inadvertida.

Siendo sinceros, en parte lo adoraba. Le encantaba desenfocarse del primer plano y convertir a otros en protagonistas. Ella siempre había dicho que lo mejor que en esta vida podía hacerse era pasar desapercibido, sin perderse a uno mismo entre la multitud. Y para pasar desapercibido, lo mejor era ser medianamente normal.

Pero, por otra parte, ella ansiaba y deseaba el protagonismo que no tenía. Un rincón de su mente siempre le había susurrado: ¿cómo sabes que realmente no lo quieres? ¿Cómo, si no lo has probado? En el fondo, sabes que lo vales, pero tienes miedo de ir a por ello. Sé ambiciosa. Eso la había estado destrozando en silencio durante años. Maldijo su indecisión hasta que no tuvo fuerzas para seguir maldiciendo, siempre callada. Pero, cuanto más maldecía, más fuertemente gritaba esa voz dentro de ella, y más difícil se hacía ignorarla. Era una batalla que el tiempo iba ganando y, quizás, la persistencia iba perdiendo. Su lengua le quemó como no le había quemado en años. Quería abrir la boca, pero sabía lo que diría si lo hacía. Sabía que insinuaría algo sutil, pero lo suficientemente contundente como para que los demás entendiesen que ella sí sabía dónde estaba Alan, y que estaba bien. Ella contaría que lo sabe todo, porque ¿qué interés tiene contar una historia si uno sólo cuenta una parte? Ella quería contarlo, sí, pero por egoísmo y egocentrismo. Como dicen los psicólogos, por tensión no resuelta. No por otra cosa. No por necesidad, ni por presión, ni porque nadie dependiese de ello. No, ella quería contarlo sencillamente para sentirse importante, como no se había sentido jamás. Su cabeza volvía a traicionarla con pensamientos de grandeza, de que ella, por esta vez, quizá mereciese ser la protagonista, la única persona en quien Alan había confiado al irse a Finlandia.

Esas últimas palabras dieron un giro de 180Gº en su mente. "La única persona en quien Alan había confiado al irse a Finlandia". Ella, ella había sido la única. Otra persona había confiado en ella, y le había contado un secreto. Realmente ¿no la hacía eso ya importante? ¿No la convertía eso en alguien verdaderamente valioso? Alguien lo suficientemente valioso como para decirle algo que el resto de personas no sabrían, y como para confiar en que ese alguien no se lo contaría a nadie, aún a sabiendas de que vería a todos con cierta frecuencia. Eso era una carga. Una responsabilidad. Era un compromiso. Era confianza. Cuando alguien confiaba en ella, eso la hacía sentirse la protagonista, sólo que una protagonista silenciosa. Era la protagonista de una historia muda con sólo dos personajes: su amigo y ella. Y el resto quizá participasen en otra función, pero eran ajenos a la suya. Eso mismo, esa abrumadora sensación de intimidad, de complicidad y, sobre todo, de que era especial, le hizo sentirse muy a gusto guardando el secreto. Y además, en el fondo, era como si las dos vertientes se hubiesen unido. ¿No está bien eso? le decía ahora su mente. Cuanto más lo pensaba, más veía que sí. El ardor de su lengua se fue convirtiendo, poco a poco, en una apacible y relajante calidez que la fue envolviendo poco a poco. Y el frenético y vertiginoso afán de expulsarlo como si fuese un atragantamiento o una tos, fue desapareciendo al amparo de la envolvente calidad de la confianza que Alan había depositado en ella.

2 comentarios:

  1. Molly me cae bien.
    Desde luego guardar un secreto es una gran responsabilidad para la que muy poca gente esta preparada.
    Pienso que has plasmado con acierto esa especie de conflicto interno que se produce cuando sabemos algo que nadie mas sabe. porque aunque hemos prometido no desvelar ningun detalle, alguna vez todos hemos tenido la necesidad de que los demas nos vean importantes, de que se nos reconozca...e incluso, fijate, de restregarle a algun capullo que hemos sido los escogidos para saber aquello por lo que él se muere por enterarse.
    y aqui esta la clave. la clave de lo que distingue a un buen confidente: el compromiso puede mas que el amor propio. el privilegio no es darse autobombo sino guardar un pacto de silencio.

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  2. Molly mola, me recuerda a cierta personita.

    Escribes que das miedo chico xD

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