jueves, 29 de abril de 2010

escribiendo un futuro

Hoy pienso tomarme la licencia de molestaros un poco, y deciros que por fin y tras mucho escribir (y mucho borrar) he enviado mi famoso relato al concurso. No sé si ganaré, la verdad. Pero me gusta pensar que no me ha salido una bazofia, y que al menos me servirá para aprender un poco y quién sabe... quizá algún día hacer algo aceptable que no incluya demasiadas estupideces.

Y dicho esto, os dejo por ahora.

domingo, 25 de abril de 2010

"mañana"

Le gustaba el sosiego de las primaverales mañanas de Domingo. Era un silencio casi poético, lírico, atronador. Era hermoso verlo todo en esa especie de quietud relajante, en ese trance que parece que envolvía desde las hojas de los árboles hasta el canto de los pájaros, que se oía debilitado y lejano, como si fuera distante, como si viniese de algún lugar entre el mundo real y el imaginario.

Y en medio de esa apasionante y maravillante quietud era cuando otro día surgía, y era cuando se daba cuenta de que, por mal que fuesen las cosas y por difíciles que fuesen algunos momentos; siempre terminaría amaneciendo, quizás con más pena que gloria.

Para ser sinceros, el hecho de saber que siempre habría un mañana ofrecía cierto consuelo a Alan. El hecho de saber que, realmente, y tras todo el posible dolor, la angustia, el sufrimiento, la agonía y la espera, que después del infierno que podía ser una noche... quizá tapado por las nubes, pero el sol siempre terminaría saliendo. Y la vida siempre terminaría abriéndose paso, quizás de forma torpe, tosca y arremolinada, y quizás no siempre fuese un comienzo brillante, pero al menos sería un comienzo.

Y eso, ese principio tan elemental y tan asquerosa y contundentemente lógico arraigado en la esencia de la vida, esa aparente tontería, era algo que él había tardado veintisiete años en poder aprender.

lunes, 19 de abril de 2010

La teoría de las palomas-luftwaffe

Tengo una teoría: Las palomas de Avilés, cuando alzan el vuelo, tienen la pericia en el aire de un piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial.
Ese apurado sentido para aprovechar cada resquicio que los peatones dejan libre, esa forma de virar en el aire haciendo acrobacias impensables para los mortales, pero sobre todo, ese dominio para poder rasrurar al milímetro cuando realizan alguna acción de vuelo....
Sólo les falta llevar incorporado algún sistema de armamento o algo parecido, en serio. Muchas veces han pasado peinándonos la cabeza a más de uno.
Además, su color les permite camuflarse magistralmente, y es parecido al verde militar de los ejércitos nazis de Hitler.

En definitiva, que las palomas de Avilés, en realidad, son los espíritus de la legión de la Luftwaffe alemana, que han decidido reencarnarse en estos peculiares pájaros y, de paso, darnos a todos algún que otro susto.

viernes, 16 de abril de 2010

La confesión de Molly

Os dejo con una parte del relato: Para siempre es mucho tiempo

Sé que pocos lo leéis, pero quiero agradecéroslo de antemano. Me siento muy bien cuando alguien me dice: lo leí, y no entendí una mierda. (vale, pero lo leíste, y entero, y aunque no te guste al menos has sido considerad@) Y dicho esto, sin más preámbulos:

Molly quería hablar de ello, quería contarlo, quería que el resto del mundo supiera que ella sabía dónde estaba. Molly quería el protagonismo de ser la única, verdaderamente.

Ella siempre había estado en un segundo plano. Molly siempre se había mantenido detrás, como el apuntador de la obra de teatro que había sido la vida de Alan. Ella siempre había estado detrás, haciendo un trabajo esencial pero invisible. Siempre detrás, siempre detrás. Como cuando en el funeral de la madre de su mejor amigo ella había sido quien dijo a los invitados que podían ir entrando en la sala. En ese sentido, Molly era toda una maestra. Nunca nadie recordaba su nombre. Siempre detrás, que era su lugar preferido, intentando ayudar a todos los que podía. No quería ser epicentro de miradas, comentarios, o nada parecido. Y en eso, en ese afán de antiprotagonismo, había tres verdades: Era una heroína, era altruista, y era tímida. Eso conducía a pensar que, irremediablemente, era frágil como una flor en primavera, aunque poca gente llegaba a conocerla tan bien. Era reservada y no solía hacer ver lo que de verdad sentía, cuando alguien se interesaba por eso. Pero esos casos eran los menos, dado que, generalmente, pasaba inadvertida.

Siendo sinceros, en parte lo adoraba. Le encantaba desenfocarse del primer plano y convertir a otros en protagonistas. Ella siempre había dicho que lo mejor que en esta vida podía hacerse era pasar desapercibido, sin perderse a uno mismo entre la multitud. Y para pasar desapercibido, lo mejor era ser medianamente normal.

Pero, por otra parte, ella ansiaba y deseaba el protagonismo que no tenía. Un rincón de su mente siempre le había susurrado: ¿cómo sabes que realmente no lo quieres? ¿Cómo, si no lo has probado? En el fondo, sabes que lo vales, pero tienes miedo de ir a por ello. Sé ambiciosa. Eso la había estado destrozando en silencio durante años. Maldijo su indecisión hasta que no tuvo fuerzas para seguir maldiciendo, siempre callada. Pero, cuanto más maldecía, más fuertemente gritaba esa voz dentro de ella, y más difícil se hacía ignorarla. Era una batalla que el tiempo iba ganando y, quizás, la persistencia iba perdiendo. Su lengua le quemó como no le había quemado en años. Quería abrir la boca, pero sabía lo que diría si lo hacía. Sabía que insinuaría algo sutil, pero lo suficientemente contundente como para que los demás entendiesen que ella sí sabía dónde estaba Alan, y que estaba bien. Ella contaría que lo sabe todo, porque ¿qué interés tiene contar una historia si uno sólo cuenta una parte? Ella quería contarlo, sí, pero por egoísmo y egocentrismo. Como dicen los psicólogos, por tensión no resuelta. No por otra cosa. No por necesidad, ni por presión, ni porque nadie dependiese de ello. No, ella quería contarlo sencillamente para sentirse importante, como no se había sentido jamás. Su cabeza volvía a traicionarla con pensamientos de grandeza, de que ella, por esta vez, quizá mereciese ser la protagonista, la única persona en quien Alan había confiado al irse a Finlandia.

Esas últimas palabras dieron un giro de 180Gº en su mente. "La única persona en quien Alan había confiado al irse a Finlandia". Ella, ella había sido la única. Otra persona había confiado en ella, y le había contado un secreto. Realmente ¿no la hacía eso ya importante? ¿No la convertía eso en alguien verdaderamente valioso? Alguien lo suficientemente valioso como para decirle algo que el resto de personas no sabrían, y como para confiar en que ese alguien no se lo contaría a nadie, aún a sabiendas de que vería a todos con cierta frecuencia. Eso era una carga. Una responsabilidad. Era un compromiso. Era confianza. Cuando alguien confiaba en ella, eso la hacía sentirse la protagonista, sólo que una protagonista silenciosa. Era la protagonista de una historia muda con sólo dos personajes: su amigo y ella. Y el resto quizá participasen en otra función, pero eran ajenos a la suya. Eso mismo, esa abrumadora sensación de intimidad, de complicidad y, sobre todo, de que era especial, le hizo sentirse muy a gusto guardando el secreto. Y además, en el fondo, era como si las dos vertientes se hubiesen unido. ¿No está bien eso? le decía ahora su mente. Cuanto más lo pensaba, más veía que sí. El ardor de su lengua se fue convirtiendo, poco a poco, en una apacible y relajante calidez que la fue envolviendo poco a poco. Y el frenético y vertiginoso afán de expulsarlo como si fuese un atragantamiento o una tos, fue desapareciendo al amparo de la envolvente calidad de la confianza que Alan había depositado en ella.

días de Sacarina

Un amigo me dijo el otro día que estaba cansado de la monotonía de su vida, de la rutina.
Eso me hizo pensar. Normal que deteste la sensación de que cada día podría ser mejor, más vivo, más desgarrador de lo que es. Normal que tenga la sensación de que a todos los días les falta algo, francamente. Y eso es normal porque la mayoría de la gente vive presos de la rutina, de lo cotidiano, de la monotonía.

Es como si quisieras vivir con sacarina en un mundo de azúcar. Todos conoceréis la sensación.

Y dicho esto, hoy no me extiendo más, que luego me dicen que soy un bohemio y que no se me entiende xDD (Sí, Desi, va por ti)

domingo, 11 de abril de 2010

la duda existencial

¿Por qué irías a un lugar del que no puedes volver?

Ironías Asturianas

Es curioso, porque he tenido que salir, beber y emborracharme para darme cuenta de que tengo más sentido cuando no voy sobrio.
Quizá yo sigo siendo el mismo, y en la nebulosa del alcohol es la vida la que tiene más sentido, no lo sé.

Lo que sí sé es que últimamente, ando en una dinámica tan ambigua, tan abstracta, que las pocas cosas que tienen forma y cuerpo son los fantasmas de mis propios recuerdos.

viernes, 9 de abril de 2010

Improperest greeting

Francamente, no tengo ni la más mínima idea de qué voy a escribir mientras redacto estas lineas. Quizá es porque la mayoría de cosas que pienso suelen quedarse dentro de mí. Supongo que porque, aunque pueda no parecerlo, o la gente pueda pensar otra cosa, generalmente, soy una persona que no habla acerca de lo que verdaderamente piensa con todos, o delante de todo el mundo.
Me cuesta abrirme ¿qué pasa? No me resulta fácil. ¿Por qué? Bueno, creo que si fuera capaz de decir por qué abiertamente, no tendría problemas para abrirme. Es otra de mis cuestiones interiores.

Sí, tengo cuestiones interiores que no hago exteriores fácilmente. Y francamente, me alegro de no hacerlo, porque las preguntas más personales sólo se han de compartir con las personas más íntimas. Si compartieras tus secretos con todo el mundo ¿qué tendrían de secretos?


Todo esto viene a cuento de que vivimos en un mundo donde lo mejor y peor de las personas es lo interior de estas.

miércoles, 7 de abril de 2010

Para siempre es mucho tiempo

Hoy me voy a permitir una dosis de egocentrismo (más del habitual) y voy a hablaros del relato que estoy escribiendo. Una idea que se fue formando en mi cabeza poco a poco y que, con el paso de los meses y debido también a ciertas cosas que fueron pasándome tomó forma en esta historia, que os presento.
Para siempre es mucho tiempo es el titulo que recibe el relato largo que escribo estos días en mi tiempo libre. Os pondré a continuación el clásico resumen que encontraríais en la contraportada, si esto fuese un libro.

Alan es un chico de 26 años que vive en la ciudad de Londres y no pasa por un buen momento: Su madre ha fallecido recientemente, su pareja ya no está enamorada de él y su rutina diaria le está causando una depresión.
Agotado de una existencia como esa, Alan decide abandonarlo todo y refugiarse en la soledad y el frío de Finlandia, y se muda a Helsinki.
Allí, mientras conoce a una misteriosa chica, aprenderá que huir de los problemas no resulta siempre la solución más acertada y tendrá que descubrir cómo los caminos hacia la felicidad los trazan quienes verdaderamente desean ser felices.
Una historia sobre dos de los grandes temas de nuestro día a día: El amor y la indecisión.


Me gustaría hablar de los por qués, de los motivos, y de todas las cosas, causas y razones que me llevaron a tener esa idea y a poder redactarla (como estoy haciendo) pero me temo que sería demasiado aburrido y egocéntrico. Además, yo no termino de sentirme cómodo compartiendo ciertos puntos de vista de forma digital.

Si queréis saber algo más, uno siempre se alegra de que le pregunten.

Y dicho esto, no os molestaré más... por ahora.

domingo, 4 de abril de 2010

love is all around

Francamente, soy de esas personas que piensan que el amor está en todas partes, pero la gente no lo ve, o se ha olvidado de que existe. Está. En amigos, parejas, esposas, maridos, novios, novias, hijos, hijas, sobrinos, tíos, está en donde tiene que estar.
Si no me creéis, basta que os déis un paseo por la calle, paréis a diez personas, y les digáis:

Perdona, estoy haciendo una encuesta. Dime ¿alguna vez has querido o amado a alguien?

Yo estoy convencido de que el 100% os dirá que sí.

Eso no quiere decir que yo sea un pasteloso agasajante. Quiere decir que yo pienso lo que pienso; que el amor existe y está en donde tiene que estar. Otra cosa es que yo esté todo el día haciendo referencia al amor con los que me importan... porque cuando alguien de verdad te importa, y tú de verdad le importas, no es necesario repetir que lo quieres a todas horas. (a veces sí, pero a ver.. a todas horas es un tostón, para qué mentir)

Y dicho esto, me despido con una cita de un gran poeta que siempre me gustó:
El amor es hielo abrasador,
es fuego helado,
es un caminar solitario entre la gente.

sábado, 3 de abril de 2010

Reflexiones de un sábado noche

Me gusta pensar que soy una persona con verdadera confianza. Conseguiré lo que quiero, porque estoy dispuesto a ir hasta el fin del mundo por ello. Cuando de verdad quieres algo, estás tan asquerosa y frenéticamente dispuesto a luchar por ello que realmente terminas consiguiéndolo aunque solo sea por perseverancia.

En esta vida, poco más puedes hacer. Agárrate a algo que de verdad te haga sentirte feliz, especial, diferente... agárrate a tu algo, lo que sea, que te haga volar, y lucha por ello. Lucha hasta que lo consigas.

Hace tiempo me dijeron que los verdaderos héroes son los que son capaces de poner todo de su parte para conseguir sus sueños.

Yo tengo un sueño. Y pienso conseguirlo, a pesar de que sé perfectamente que me va a llevar tiempo, que habrá días negros, y días que todo parecerá perdido. Pues bien, no pienso desanimarme. Yo llegaré. Y no tengo ninguna prisa por eso.

los planetas se han alineado

Si hoy fuera cualquier otro día del resto de mi vida, quizá, y solo quizá, me molestaría tener que ir a trabajar un Sábado. Pero, por algún motivo, hoy me siento VIVO. Como si hubiera despertado de un letargo profundo, o de algún tipo de apoplejía similar a la que sufre uno cuando se encuentra paralizado o petrificado.

Es posible que los planetas se hayan alineado esta noche. Aunque claro, siempre que tengo algún tipo de sensación de este tipo, me pregunto si estoy (y estáis) ante la capacidad discursiva de un loco con algo de oratoria.

jueves, 1 de abril de 2010

imaginería barata

El mismo camino de todos los días. Las mismas canciones en el mp4. La misma sombra, atenazándome a cada paso. La misma tienda que vuelve a estar cerrada a la misma hora. El mismo repiqueteo tintineante que suena en "L'inverno" de Vivaldi.

Es todo como idéntico. Si miras al suelo, verás hoy las huellas que dejaste ayer. Si miras, sigues viendo los mismos coches que pasaron ayer, y que pasarán mañana. ¿Nunca os habéis preguntado donde van esos coches perdidos?

En realidad, esa especie de circo de lo cotidiano es la más barata, surrealista y vacua imaginería que mis ojos contemplan cada día. Esa especie de sincronización, típica y estresantemente armónica sobre cómo las personas son como deberían ser. Es precioso, pero carente de imaginación, de inventiva, de carácter, de emoción. Es... como si ya supieras lo que va a pasar cada noche antes que pasase.

Y eso es algo que está teniendo lugar ahora mismo, mientras escribo, o mientras leeís vosotros. Si miraseis por las ventanas, quizá veríais lo que yo veo. El compás de la ciudad cuadrándose, encajándose. Los coches en la misma dirección, el tintineo del timbre de las bicis que circulan por el carril bici, el sonido del camión de la basura levantando los contenedores, las personas que andan, las que hablan, las luces que se encienden y apagan en las casas vecinas... ese es el verdadero poder de la imaginería barata. Ese es el verdadero milagro de su representación teatral, absurda y surrealista, sí, pero preciosa.

De todas formas, no me hagáis demasiado caso. Quizá sólo estéis oyendo el discurso de un loco.